¿Qué hubiera pasado si Trump hubiera sido asesinado?

En julio de 2024, Donald Trump —entonces ex-presidente y candidato presidencial republicano— sobrevivió a un intento de asesinato durante un mitin de campaña en Butler, Pensilvania. Un hombre de 20 años, Thomas Matthew Crooks, abrió fuego desde un tejado cercano con un rifle estilo AR-15, hiriendo a Trump en la oreja derecha, matando a un asistente y lesionando a varias personas antes de ser abatido por francotiradores del Servicio Secreto de Estados Unidos. Trump fue llevado a un hospital y se recuperó.

Unos meses después, en septiembre de 2024, ocurrió un segundo intento de asesinato mientras Trump jugaba golf en West Palm Beach, Florida. El autor, identificado como Ryan Wesley Routh, se escondió durante horas con un rifle SKS cerca de la cancha con la intención de matar a Trump para impedir su elección. Fue detectado por el Servicio Secreto, quien abrió fuego hasta que Routh huyó y fue arrestado poco después.

En 2025, Routh fue declarado culpable de todos los cargos federales relacionados con el intento de asesinato y otros delitos. Durante la lectura del veredicto, intentó apuñalarse con un bolígrafo en la sala del tribunal, pero fue contenido por las autoridades.

Estos sucesos han tenido un impacto significativo en la política estadounidense contemporánea y en las narrativas sobre seguridad, violencia política y el clima de polarización en el país.

Una de las preguntas que Lentesónica se dio a la tarea de analizar es, ¿qué hubiera pasado si Trump hubiera sido asesinado?

Naturalmente nos contestamos la pregunta desde el campo de la especulación, no obstante, hemos hecho un esfuerzo por ceñirnos a escenarios con posibilidades de acercarse a la realidad.

Para comenzar, las repercusiones políticas y sociales habrían sido significativas y de gran alcance. Cualquiera de estos dos sucesos habría desencadenado una serie de eventos y consecuencias que influirían profundamente en el curso de la política estadounidense.

De entrada, la reacción inmediata sería de inestabilidad e incertidumbre en los Estados Unidos, en el plano internacional, las respuestas serían mixtas dependiendo del tipo de relación diplomática, si alguna. La muerte de Trump generaría reacciones diversas entre los aliados y adversarios de Estados Unidos. La incertidumbre sobre el futuro liderazgo del país podría afectar las relaciones internacionales y la estabilidad geopolítica. Las bolsas de valores y los mercados financieros probablemente experimentarían volatilidad, reflejando la incertidumbre política y económica. 

Una muerte de Trump, una figura extremadamente polarizadora, habría generado un profundo impacto emocional en sus seguidores, que podrían haber reaccionado con protestas masivas y demostraciones de ira parecidas a las del asalto en Washington DC el 6 de enero de 2021. Por otro lado, sus detractores también se habrían visto afectados por el complejo y nublado futuro político.

En términos electorales, el Partido Republicano se habría encontrado en una situación de crisis. Con Trump como la figura más destacada, su ausencia dejaría un vacío significativo. Los republicanos hubieran tenido que decidir rápidamente por un nuevo candidato o candidata, lo que podría resultar en divisiones internas en un ya convulso escenario y una ruta incierta camino a la contienda electoral de noviembre. La selección de un nuevo candidato en tan poco tiempo, sin duda, hubiera resultado en un proceso apresurado y potencialmente conflictivo.

El impacto en la campaña demócrata también sería considerable. Los demócratas tendrían que reevaluar todas sus estrategias, ajustar su discurso y estrategia electoral en respuesta a la nueva realidad política y social del país. Un asesinato de Trump podría haber agudizado la ya marcada división en la nación norteamericana que había caracterizado elecciones recientes incluida la actual en contra del presidente Joe Biden.

Finalmente, el asesinato de Trump tendría un impacto duradero en la memoria colectiva de Estados Unidos. La seguridad presidencial, la polarización política y la violencia en la retórica política se convertirían en temas de intenso debate y análisis. Este evento marcaría un punto de inflexión en la historia contemporánea de Estados Unidos, alterando posiblemente el curso de su política en formas profundas e impredecibles.

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